Por Laura Efron y Gabriel Burgos, coordinadores y docentes del área de Cs. Sociales.

Esta nota fue publicada en nuestro newsletter institucional

Una de las orientaciones del nuevo plan de estudios es justamente la orientación en Ciencias Sociales y Humanidades. Desde el área de Sociales, el objetivo es  consolidar los proyectos interdisciplinarios que se vienen realizando y diseñar las nuevas propuestas que incluirán más proyectos transversales y nuevas materias.

En un sentido general, desde el área de Ciencias Sociales y Humanidades identificamos tres ejes fundamentales en la formación de nuestros estudiantes: la lectura, la escritura y la oralidad. Resulta imprescindible que los estudiantes desarrollen la capacidad de leer textos propios del área y adquieran las categorías fundamentales de cada una de las disciplinas.

La enseñanza de la escritura es una prioridad compartida entre todas las áreas y no solo de Lengua y Literatura. Entendemos que la escritura conforma una parte sustancial de la producción de conocimiento. Lejos de ser un mero corolario o una instancia de exposición, forma parte del proceso de aprendizaje. La escritura, si se permite superar el hábito reproductivo, permite la clarificación de las ideas, su organización y jerarquización, la elucidación de los conceptos, la valoración de argumentos y objeciones y la explicitación de las dificultades en la comprensión. Asimismo, el trabajo en torno a la oralidad no solo tiene como objeto fortalecer las capacidades discursivas de nuestros estudiantes, sino que pretende generar instancias colaborativas en la producción de conocimiento. Se trata de constituir a cada estudiante como un sujeto activo en el aprendizaje propio y de sus compañeros.

Por otra parte, el enfoque del área respecto a la lectura, la escritura y la oralidad va más allá de su sentido literal. En el marco del proyecto de formación de ciudadanía participativa para la vida en común, estos tres ejes cobran un nuevo sentido.

Como equipo nos proponemos formar a nuestros estudiantes en una lectura atenta y crítica de la realidad. Se trata de fortalecer sus capacidades reflexivas y brindarles herramientas que los ayuden a comprender el entramado complejo de nuestra sociedad y del mundo actual. La escritura, en esta metáfora, es el momento en el que los estudiantes se interrogan sobre sus convicciones en un movimiento que les permite cuestionarlas para luego recuperarlas fortalecidas o repensarlas. Por su parte, el momento de la oralidad se propone afirmar la voz de nuestros estudiantes como actores de la vida en común. Consideramos que la formación para el ejercicio democrático de la participación ciudadana constituye un deber y un desafío al cual nuestra comunidad educativa no puede renunciar. Así, estos tres momentos -la escritura, la lectura y la oralidad- no constituyen una secuencia temporal sino que se presentan interrelacionados e imbricados en diálogo permanente con el resto de la comunidad educativa y otros actores sociales.

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