En la escuela, tenemos lo que se llama Socios por un Día. Consiste en pasar el día con el profesional que uno piensa ser en el futuro. Yo tal vez sea escritora, y consiguieron un encuentro con Pablo de Santis. El encuentro con Pablo de Santis fue impactante. No hay otra palabra mejor para describirlo. Esto se debe a entrar en su casa y haber podido tener una charla privada.

Cuando entré al salón, donde le haría las preguntas, me quedé asombrada. No podía creer la cantidad de libros que tenía. El salón no era muy grande pero aun así estaba lleno.

Nos sentamos y le hice la primera de mis muchas preguntas: ¿Cuándo comenzó a escribir? Él contestó que alrededor de los trece años empezó, ya que le gustaba de chico leer muchos  cuentos, pero sobre todo novelas de ciencia-ficción. También contó que la inspiración y las ideas se le ocurrían fácilmente. Lo complicado era a la hora de plasmarlo en papel. Para eso, primero arma la idea en su cabeza, después lo pasa a un borrador y luego comienza a escribir. Mencionó que era más fácil componer un relato policial a una novela fantástica porque en el segundo caso uno tiene que crear una idea y una historia totalmente nueva, que no se haya leído ni escuchado antes. En referente al proceso de escribir, lo hace todos los días, generalmente a la mañana.

Una de las preguntas que destacó fue el procedimiento de  montar una película en base a su libro “El inventor de juegos”. Relató que este duró alrededor de siete años y lo hizo con un productor de cine que había producido varias películas anteriormente (entre ellas “El ratón Pérez”). De Santis no participó de la filmación, es decir no fue a los ensayos y no conoció en persona a los actores. La película terminada la vio dos días antes del estreno, en una sala especial con algunos productivos. Allí va lo más importante: ¿Qué sintió al ver su libro convertido en película” Respondió que le encantó porque el filme no parecía estar filmada en Argentina. El actor que interpretó a Ivan Drago le fascinó y la actriz de Asunción lo impresionó.

Hablando del porvenir, le pregunté cómo fue su paso por la facultad de Filosofía y Letras. Respondió que no le gustaba, hizo unos años y la dejó. Luego, alrededor de los treinta volvió a retomar, más porque estaba muy cerca de la facultad que por otra cosa, así que decidió terminar. Una de las cosas que no le satisfacían de ésta era que no tenía ningún taller de escritura y los profesores no corregían la forma de escribir de los alumnos, sí si había una frase mal escrita, pero nada más.

En fin, la impresión que tuve de Pablo de Santis es que es amable ( me sirvió un vaso de jugo aun cuando le dije que no quería tomar nada), y muy abierto a contarme sus experiencias.

Con este encuentro no es que haya aclarado todas las dudas que tengo sobre mi futuro, pero sí me dio más confianza en mí misma (el mérito de que esté escribiendo esto es todo suyo) y que no hace falta seguir la carrera de letras para ser un escritor. Tampoco desalentarse si a la primera de cambio no publican tu libro, ya que el suyo ganó un premio en la revista Martin Fierro, y luego una editorial lo llamó para publicarlo.

Pablo de Santis, gracias por el jugo, la amabilidad y las palabras.